¿PROCESO O CONSTELACIÓN?

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¿PROCESO O CONSTELACIÓN?

Me han preguntado qué es lo más conveniente: seguir un proceso psicológico, constelar o hacer ambos. También me preguntan si se contraponen o se complementan. Con un poco más de 30 años de trabajo en consulta privada y 20 realizando talleres de constelaciones familiares de manera periódica, voy a responder con total honestidad y desde mi experiencia personal.
En los primeros talleres que nos impartió el Dr. Bert Hellinger (padre de lo que conocemos como “las nuevas constelaciones”), él mismo proponía hacer una constelación sobre el tema en conflicto y que con eso sería suficiente. Sin embargo, la propia experiencia le fue mostrando que, en ocasiones, eso no basta: el alma recibe el mensaje, pero el ego tarda en asimilarlo. Como diría Juan Gabriel, “la costumbre
es más fuerte que el amor”. Somos seres humanos complejos y se presentan todo tipo de resistencias.
Las nuevas aportaciones de la neurociencia nos dicen, además, que es en el área angular donde se generan las respuestas a los acontecimientos que la vida nos presenta. Modificar estas respuestas solo es posible mediante un proceso psicológico prolongado o una meditación profunda que permita reconfigurarlas.
Desde luego, es determinante el punto de partida: qué tanto hemos reflexionado o trabajado en el tema, y el momento en el que nos encontramos en relación con él. No es lo mismo ir a constelar o iniciar un proceso cuando apenas comenzamos a detectar problemas de pareja, que buscar ayuda después de años de estar lastimándonos. Tampoco es igual empezar a trabajar los temas con mi hijo adolescente, que hacerlo cuando ya es un adulto con una adicción. Del mismo modo, es distinto trabajar un duelo reciente que uno detenido. Ahora bien, decidir cuándo recurrir a uno u otro tiene que ver con nuestra búsqueda interna y con nuestro interés personal. Una constelación actúa de forma inmediata: nos muestra el camino hacia la reconciliación y nos permite desenredar el nudo. Desde Hellinger, los enredos del alma son enredos de amor; es solo amor que no encontró cómo fluir. Aquí no puedo dejar de señalar que, al hablar de amor, él se refería a un amor maduro, es decir, un amor que sabe poner límites y que surge desde el respeto a la vida y al sentido.
Por otro lado, un proceso personal acompañado por un profesional será, desde luego, más lento. No es cuestión de unas horas —por eso se llama proceso—, sino de acercamientos progresivos y meditados, en los que podremos observar los diferentes ángulos, sus implicaciones y efectos. Incluso podremos reconocer las respuestas del ego y aprender a mediar sus efectos. En lo personal, me ha resultado muy útil la combinación de ambos: la constelación dinamiza el proceso, y el proceso da integridad a la constelación. Solo quiero agregar que, en años posteriores al inicio de su trabajo, me tocó ver al mismo Dr. Hellinger recomendar más de una vez a algún participante que buscaba constelar con él que trabajara el tema en terapia: “Ese tema es necesario trabajarlo en terapia”, y los bajaba del estrado.

Revista : CELEBRA

Edición: Noviembre de 2025

Dra. Ma. Luisa Rivera García

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