

Todos hemos conocido, al menos una —ojalá que varias— de esas personas que, cuando las encuentras, te dejan “buen sabor de boca”. Esas personas con las que te alegra coincidir porque jalan hacia la ligereza, te invitan a reír o a conversar sin juzgar, sin crítica, sin destrucción; solo a compartir con cierta calidez. Ser así, o tener una amiga (o) así, no tiene precio. Pero aún mejor, hay personas que además tienen la virtud de saber acompañarte; que te escuchan —no solo te oyen—, que atienden tus palabras, su sentido, sus implicaciones en tu vida… y lo sientes. Te hacen sentir acompañada, sin juicios.
Y aún mejor, están esos amigos que tienen una palabra, un consuelo, algo que te permite ver lo que no habías visto y te brinda esa sensación de abrazo al corazón. No se trata de una complicidad ciega ni de una autoridad que te indica qué hacer.
Y lo todavía más difícil de encontrar es a quien reúna las tres cualidades: acompañamiento sin juicio, escucha atenta y solidaria, además de una devolución cálida… o simplemente una charla jovial, según sea el momento. Por supuesto que no se trata solo de lo que el otro tenga para mí. En realidad, está más de mi lado: en mi disposición para recibir, en mi ánimo de escuchar, de tomar del otro. Porque puedo encontrarme al ser de luz más empático del universo, pero si yo estoy cerrada, no podré recoger nada ni percibir nada positivo. También entra en juego mi empatía, la manera en que vibramos y atraemos a las personas a nuestras vidas. Porque una cosa es tener un vecino molesto o un compañero incómodo, y otra muy distinta son las amistades: a esas las elijo yo. Con toda intención o de manera inconsciente, me atraen. Aunque sostener una relación, una amistad… eso se construye. Qué tanto nos encontramos, qué tanto nos abrimos, qué tanto tomamos, es una elección. Busquemos ser esa persona que nutre, que acompaña; esa que escucha, no critica; la que aporta, la que empatiza desde la calidez… para así atraer lo mismo a nuestra vida.
Y si al grupo se integra alguien que navega en otro sentido, no compremos “boletos” ajenos. Escuchar no significa cargar; acompañar no implica involucrarte al grado de terminar resentida, angustiada o peleada con la vida. Eso no resuelve… solo complica más. No podemos estar siempre en modo “lindo”, pero si lo intentamos, si lo buscamos, será más fácil lograrlo. Y tal vez así podamos atraer mejores compañías a nuestra vida cotidiana. En resumen, existen personas que nutren y aportan, y personas que toman, roban o contaminan. Todos somos un poco de ambos en diferentes momentos o circunstancias, pero quedarme “atorado” en el lado complicado solo me rodeará del mismo tipo de personas o me dejará muy solo. Busquemos aportar, busquemos fluir en la vida y hacerlo desde lo amoroso… el mayor tiempo posible.
Revista : CELEBRA
Edición: Septiembre de 2025
Dra. Ma. Luisa Rivera García
https://www.marialuisarivera.com/
https://www.facebook.com/dramaluisa
https://www.instagram.com/dra.ma.luisa.rivera/
Correo electrónico: karielmlrg55@gmail.com